Con sus labios de agua, la mujer del cuadro parece ansiar narrarme su historia; pero los pinceles voz le negaron.
La tarde reverdece y el sol desgarra las vidrieras con potencia airada. La mujer del cuadro se retrae ante tan alta luz y deja de girar en las curvas de mi retentiva. La comunión del instante pliega velas y me abandono en la salina feraz que desecó la marisma azul de mis lágrimas.

Muy bello relato, Steven.
ResponderEliminarBesos y aleteos.