Cierto es
que el recuerdo une a las personas, pero también las separa. El recuerdo puede provocar una sonrisa, pero
también una lágrima. Parece que el
recuerdo puede provocar del mismo modo felicidades y tristezas. Así pues, ¿no seríamos más felices sin una
memoria? ¿No seríamos más felices cuan
más ignorantes?
El saber nos causa preocupación, pero qué
bonito es el saber. Cuánto nos
aporta. El saber, como la memoria, nos
brinda felicidad y tristeza.
Pero ¿no es feliz el disminuido psíquico que
no es consciente de lo que le pasa e ignora incluso lo que ocurre a su
alrededor?
Expongo dos
ejemplos de la sociedad:
¿no es feliz
el camionero que conduce su camión sin preocuparle mucho más?
¿Es, por el
contrario, feliz un hombre de negocios y su necesidad no sólo de ser, sino parecer, o en
definitiva, aparentar?
Pero si hay
una virtud, o, como estudiamos, una desgracia que aúna al hombre, ¿no es sino
su ansia por saber?
¿Para qué
queremos aprender,
para qué
queremos progresar o avanzar
si realmente
nada nos ha brindado más felicidad
de la que
sentíamos en la antigüedad?
¿No es feliz
un hombre o una mujer hasta que sabe que ha sido engañado/a por su progenitor?
Pero, en
cambio, cuando desbubre la verdad se hunde en la miseria y tristeza , que
aunque no la exteriorice, le afectará definitivemente en su existencia.
Quizás prefiramos
renunciar a nuestra felicidad a cambio de saber, y yo digo que lo más
importante es la felicidad