domingo, 18 de enero de 2015

PENSAMIENTO

Cierto es que el recuerdo une a las personas, pero también las separa.  El recuerdo puede provocar una sonrisa, pero también una lágrima.  Parece que el recuerdo puede provocar del mismo modo felicidades y tristezas.  Así pues, ¿no seríamos más felices sin una memoria?  ¿No seríamos más felices cuan más ignorantes?
    El saber nos causa preocupación, pero qué bonito es el saber.  Cuánto nos aporta.  El saber, como la memoria, nos brinda felicidad y tristeza.
    Pero ¿no es feliz el disminuido psíquico que no es consciente de lo que le pasa e ignora incluso lo que ocurre a su alrededor?
Expongo dos ejemplos de la sociedad:
¿no es feliz el camionero que conduce su camión sin preocuparle mucho más?
¿Es, por el contrario, feliz un hombre de negocios y su necesidad  no sólo de ser, sino parecer, o en definitiva, aparentar?
Pero si hay una virtud, o, como estudiamos, una desgracia que aúna al hombre, ¿no es sino su ansia por saber?
¿Para qué queremos aprender,
para qué queremos progresar o avanzar
si realmente nada nos ha brindado más felicidad
de la que sentíamos en la antigüedad?
¿No es feliz un hombre o una mujer hasta que sabe que ha sido engañado/a por su progenitor?
Pero, en cambio, cuando desbubre la verdad se hunde en la miseria y tristeza , que aunque no la exteriorice, le afectará definitivemente en su existencia.
Quizás prefiramos renunciar a nuestra felicidad a cambio de saber, y yo digo que lo más importante es la felicidad